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 Miguel Ángel Rodríguez “Soy un animal de televisión”

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Anastasia

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MensajeTema: Miguel Ángel Rodríguez “Soy un animal de televisión”   Jue Oct 08, 2009 10:55 pm

Miguel Ángel Rodríguez “Soy un animal de televisión”



Son amores, Los Roldán, Por amor a vos… Grandes éxitos televisivos confirman su poder de convocatoria. Mientras realiza una gira teatral por el país y espera el estreno de una película que filmó junto a Geraldine Chaplin y Maria Grazia Cucinotta, ya sabe lo que hará en el 2010: será el protagonista de la nueva tira producida por Adrián Suar.

Hay que decirlo. Entrevistar a Miguel Ángel Rodríguez es una tarea sencilla: se dispone a la charla como pocas celebridades y, a la hora de las fotos, saca el payaso que lleva dentro y lo pone al descubierto sin problema alguno. El lobby del hotel –en pleno barrio porteño de Palermo– donde nos disponemos a conversar es vidriado y da a calle. Cada tanto, alguien –adulto, adolescente o niño– pasa por la vereda, se detiene y lo saluda con alegría. Tal vez sea una manera de agradecerle el entretenimiento, el humor y la emoción que él viene entregando desde hace varios años con sus distintos personajes.

–Decime la verdad: ¿alguna vez imaginaste que ibas a terminar convirtiéndote en galán de telenovela?
–(Carcajadas). No, obviamente que no. En realidad, no soy un galán de novela. Me parece que me benefició el costumbrismo –ese formato de comedia que inventó Suar–, y me volví un “galán posible”. No hace falta tener el cuerpo tallado…

–… Ni tener la cara de Facundo Arana o Joaquín Furriel.
–Ellos son naturalmente lindos, yo soy naturalmente feo. Aquello de “El hombre es como el oso: cuanto más feo, más hermoso” (Risas).

–Estás a punto de cumplir 49 y, lógicamente, se aproximan los 50. ¿Es una edad que te genera cierto replanteo?
–Yo creo que en el ser humano, y en los hombres más todavía, los 50 son… (Se detiene, piensa). Mi cálculo es muy sencillo: ya sabés que no vas a vivir otros 50 años, tal vez unos 20 ó 30 más (Risas). Igualmente, lo que más me interesa no es calcular cuántos me faltan, sino cómo los voy a vivir. Me parece que, en el fondo, uno siempre se va debiendo algo, y está bueno ir cumpliendo con uno mismo. Me refiero al trabajo, al amor, a la familia, a los estudios… No dejar cuentas pendientes. “¿Es esto lo que yo quería hacer? ¿O fue por obligación?”.

–¿En qué momento de tu vida dijiste eso?
–En realidad, yo pateé el tablero en cuarto año de la secundaria cuando me di cuenta de que no quería recibirme de bachiller comercial. Mi papá fue ingeniero de vuelo durante 40 años y aproveché uno de sus viajes para decirle a mi mamá que no quería ir más a la escuela. ¡Muy cobarde de mi parte! Mamá revoleó las cacerolas; papá fue mucho más práctico: “Bueno, entonces tenés que salir a trabajar”. Empecé a hacer algunas cosas, pero al año siguiente mi papá me dijo: “Seguí trabajando si querés, pero te anoté en una escuela nocturna para que termines la secundaria”. Yo no sabía bien qué hacer con mi vida, me gustaba la payasada, lo artístico, la tele…

–¿Hubo otras pateadas de tablero?
–Totalmente. Decidir casarme fue otra. Yo venía de un noviazgo de cinco años con Maribel (Altavista) y dijimos: “¿Qué hacemos?, ¿seguimos de novios o nos casamos?”. ¡Llevamos 23 años de matrimonio! Decidir tener hijos es otra patadita de tablero, ¿no? La vida te cambia por completo, uno se corre, casi todo pasa por los hijos.

–¿Podrías revelar el secreto de tu carrera profesional?
–Yo no tengo secretos (Risas).

–Pero cómo fue que hiciste tu camino.
–Diciendo siempre que sí. Yo empecé en la parte de atrás de todo esto: como productor, como guionista, tanto en radio como en tele y teatro. Mucha gente me decía que tenía que pasar delante de la cámara… Guinzburg, Alejandro Dolina, Badía me habían ofrecido hacer algo, pero fue en el 90 cuando estaba trabajando como productor en Video Match y me dije: “Bueno, pruebo; si no funciona, vuelvo atrás”. Me acuerdo de que un día volví a mi casa y le dije a Maribel: “Me parece que dejo la producción para dedicarme a la actuación. Que Dios nos ayude”. Ahí empecé a decir que sí a muchas cosas: al teatro, a los programas de humor como La peluquería de don Mateo, Los Rodríguez, Polémica en el bar… Después vino Adrián (Suar) con Son amores, y le dije que sí. Empezás a darte cuenta de que estás jugando un juego que te gusta, que es divertido y vas aprendiendo de la mano de tus colegas. Yo no estudié teatro, pero aprendí mucho con el devenir de las cosas y diciendo que sí a todo.

–Cuando decís: “Yo no estudié teatro” o “A mí no me sale llorar”, ¿no tenés miedo de que otros actores que se mataron estudiando y no tuvieron tu suerte te salten a la yugular?
–(Risas). Curiosamente, yo siento mucha aceptación por parte de mis pares. Digo curiosamente porque encuentro cierta curiosidad en el otro. Me doy cuenta de que cuando entran en confianza, muchos me preguntan: “¿Por qué estás acá?, ¿cómo fue que llegaste?”.

–¿Y cómo fue que llegaste?
–Por inconsciente (Risas). Amo mi trabajo, me mueve la pasión, navegar aguas nuevas… La inconsciencia misma me fue llevando a decir: “Por qué yo no voy poder a hacer tal cosa o tal otra”.

–¿Qué es lo que más te gusta de trabajar en televisión?
–La tele me fascina. Lalo (Mir) es un animal de radio, yo soy un animal de televisión. Yo no sufro 12 horas de grabación, las gozo, me divierten. Si tengo baches de dos o tres horas, me voy al bar, a tomar café, a charlar, no siento que estoy perdiendo tiempo, siempre es una ganancia.

–Sos un actor que sabe lo que es hacer éxitos impresionantes, pero también te ha tocado de lo otro.
–Siempre trato de que los sinsabores de este trabajo también sean piolas. Ahora que estamos de gira con la obra, a veces metemos 70 personas, otras veces 300, y yo lo disfruto de la misma manera. Soy muy feliz sobre el escenario… Claro que me importa que nos vaya bien, por el productor, por mis otros compañeros… Con la tele me pasa lo mismo, me gusta salir primero en el rating, pero lo más importante es que ese numerito le cierre a los productores y al canal para que todos tengamos trabajo, para que no levanten el programa, ¿no? Cuando levantaron El Capo, yo lo podía sobrellevar porque venía de unos años de buena cosecha, pero ¿y el resto del elenco?

–¿No te molesta el encasillamiento de la televisión?
–Para nada. Ya aprendí que es en las tiras donde la gente quiere verme: el portero, el verdulero… A mí me encanta lo popular, me siento un artista popular más que un actor. Tal vez nunca me nominen para un premio ACE, no sé, tal vez sí, pero no me preocupa.

–Este año comenzó extraño, ¿no? Ibas a conducir Mañanas informales, después se cayó…
–Sí, quedé alucinado cuando me ofrecieron la conducción junto a Maju Lozano. Después, al mes empezó la incertidumbre. La crisis, Canal 13, la pelea con el Gobierno… Se me planteaba como un año diferente, piola. A esta edad tengo ganas de decidir por mí mismo qué hacer y no que otros lo hagan por mí. Paralelamente, me llamó Marcelo (Tinelli) para estar en el festejo de los 20 años de Show Match, pero no tenía ganas de estar todo el tiempo ahí. Fui a un programa, hice de Lanata, después un sketch, pero ya estaba.

–¿Lo sentías como un retroceso?
–No, para nada. A ver… Es como si vos me dijeras: “¿Harías un taller o estudiarías algo para reforzar tu carrera?”. Sí, sí, claro. “¿Volverías a hacer la secundaria?”. No, ya la hice. Pero no sentía que me sacara prestigio, no, para nada. Sentía que tenía que ir a disfrutar un rato y salir. Después apareció la posibilidad de estar con Susana en el programa, pero tampoco se dio… Tenía fijo hacer dos películas: Papá por un día y Hostias en San Luis. Me tocó transitar un año raro, mi hijo Imanol me decía: “Nunca estuviste tanto tiempo en casa”. Llevaba a los chicos al colegio, volvía, desayunaba, Maribel se iba a trabajar y a las 10 de la mañana, tenía la casa para mí solo. Fue un gran aprendizaje, hacer la plancha, ver qué pasaba… Obviamente, tuve mis momentos de desesperación, mucho choque de sensaciones. Hacemos Mañanas informales, al mes no se hace…

–¿Cuándo apareció la nueva tira de Pol-ka para el 2010?

–Hace unos meses, me llamó Adrián y me dijo: “Venite cinco minutos que te cuento una cosita”, y ahí surgió protagonizar Alguien que me quiera para el año que viene. Vamos estar Osvaldo Laport, Andrea Del Boca, Susú Pecoraro y yo. Osvaldo y yo somos hermanos y tenemos un mercadito de barrio. Creo que voy a hacer pareja con Susú, pero todavía falta definir muchas cosas.

–¿Cuáles son tus expectativas?¿Siguen apareciendo los nervios? ¿Te planteás la responsabilidad del protagónico?
–El nervio siempre está, pero más aparece la intriga. Cuál va a ser el elenco final, para dónde va a ir la historia, los primeros libros… Yo siento que el público quiere que esté; después hay que ver si me apoyan o no, pero también estamos pisando tierra firme. Pol-ka sabe tocar esa tecla, la del costumbrismo. Podrán decir que es siempre lo mismo, ¿y? Yo lo disfruto, porque a la gente le gusta.


–¿Cómo te ves dentro de 10 años?
–Obviamente, trabajando como actor, más tranquilo para poder producir algo, generar algo chico, pero no para llenarme de plata. Saldando eso que me debo, haciendo más cine, me gustaría trabajar con Juan José Campanella. Ya lo he hablado con él… Juan José también toca una tecla donde yo puedo cuajar bien… Una buena revista también me gustaría hacer. Ojo, no digo que las que se hagan no sean buenas, pero me gustaría un espectáculo sin tantas peleas mediáticas y con vedettes reales. ¡Basta de tanta botinera! Con todo respeto lo digo, ¿eh? (Risas).







¿Odiosas comparaciones?
Miguel Ángel Rodríguez está casado desde hace 23 años con Maribel Altavista, la hija del gran Juan Carlos “Minguito” Altavista. Por obvias razones y por dedicarse al humor, más de una vez Miguel Ángel fue comparado con su suegro y señalado como “El nuevo Minguito” o “¿El sucesor de Minguito?”. “No me molesta la comparación que algunos hacen o han hecho con Juan Carlos. Es un halago. También me han llamado “el nuevo Olmedo”, pero yo no me creo nada de eso, porque nadie es igual a nadie. Uno puede ser mejor o peor que ellos, pero nunca igual.
El argentino es muy de eso, de buscar sucesores. Hay algunos que se prenden en esas comparaciones y después vienen los palos contra la pared. Pero bueno, cada uno con sus temas, yo trato de hacer mi propio camino”, remata el actor.

Haciendo kilómetros
La obra con la que Miguel Ángel Rodríguez anda de gira por el país se centra en la historia de Aníbal, un próspero comerciante que, pese a que nadie lo entiende ni lo acompaña en su proeza y desafiando los vaticinios más agoreros de su familia, abandona su vida acomodada y sin sobresaltos para intentar vivir la vida que siente que se debe, para demostrar y demostrarse que, más allá de los resultados, siempre vale la pena intentar concretar las ilusiones que no intentarlo nunca. La vida debida es una comedia en clave de grotesco escrita y dirigida por Ismael Hase. Miguel Ángel comparte escenario con Georgina Barbarossa, Ana María Picchio, Manuel Vicente y Federico Barón. En octubre estarán por Junín, Gualeguaychú, Gualeguay, Olavarría, Azul, Tandil y San Nicolás, y para noviembre los lugares ya confirmados son Villa Ballester, Caseros, Luján, Coronel Suárez, Tres Arroyos, Bahía Blanca y Monte Hermoso.


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